Las dificultades económicas de Rusia más
que a las sanciones de occidente, pueden atribuirse principalmente al descenso
de los precios del petróleo, cuya abrupta caída en el verano de 2014 provocó
una drástica bajada del rublo. Ello precipitó a la economía rusa en el
perjudicial círculo vicioso de aumento de la inflación, subida de los tipos de
interés, contracción del crecimiento y un debilitamiento aún mayor de la
moneda. En el futuro prevemos un ligero repunte y la estabilización de los
precios en un rango de 50-70 dólares por barril. Si esto ocurriera, podría
ofrecer un respiro. Para saber si la economía rusa va a repuntar y
estabilizarse es preciso analizar cuatro elementos clave.
Pero cada día hay más gastos en la
economía rusa y esto es un peligro que no cesara así como así, me refiero a la
intervención bélica en oriente próximo que provoca un gasto enorme en las
condiciones actuales que obligan a Rusia a controlar mucho su política
monetaria porque el gasto y la bajada de ingresos es un hecho que no puede
calcularse cuando terminara. Lo
positivo es que el rublo probablemente haya tocado fondo, “salvo que los
precios del petróleo deparen sorpresas”. La inflación
debería disminuir, lo que permitiría al banco central adoptar una postura
expansiva, dentro de unos límites.
De hecho, el banco central ruso (BCR) se
enfrenta actualmente a salidas de capital que pueden contrarrestarse de dos
maneras. La primera es vender parte del gran fondo de reservas internacionales
acumuladas y utilizar el resultado de la venta para comprar activos nacionales.
No obstante, el ritmo de ventas no es sostenible indefinidamente. Así pues, el
BCR tiene que recurrir también a mantener los tipos de interés suficientemente
altos para atraer capital, hecho que indudablemente perjudica el desarrollo
interior.
No es sorprendente, por tanto, que a
finales de 2014 el tipo de interés principal del banco central subiera de forma
simultánea a la salida de flujos de inversión directa extranjera. Política
fiscal. La economía rusa ha
evitado lo peor. De hecho, dado que casi la mitad de los ingresos del gobierno
proceden del petróleo y del gas, el déficit presupuestario del país habría
podido dispararse.
La fuerte depreciación de la moneda
contrarrestó el impacto de la caída de los precios del petróleo, como demuestra
el hecho de que el precio del crudo en rublos se haya mantenido. En
consecuencia, el déficit presupuestario solo se deterioró hasta un 2.9% en
junio de 2015. Con todo, el objetivo del Gobierno del 3% para el déficit
presupuestario se divisa en el horizonte, por lo que la política fiscal no
debería brindar un fuerte apoyo en lo sucesivo. Esto resulta lamentable en un
contexto en el que tanto el consumo como la inversión ya empiezan a flaquear.
El peso de la deuda externa de Rusia ha
sufrido un considerable revés con el debilitamiento del rublo y la consiguiente
caída de un tercio del valor en dólares del PIB del país. Aunque el nivel
absoluto de la deuda externa rusa denominada en monedas extranjeras se ha
reducido en más de 100,000 millones desde principios de 2014, su cuota en el
PIB ha aumentado por encima del 30%. Pero esto no es un problema, ya que las
reservas internacionales de Rusia siguen cubriendo en torno al 80% de su deuda
externa en monedas extranjeras.
Pero las perspectivas de la inversión y
la productividad siguen siendo sombrías. Ya llevan retrocediendo cinco años y
el entorno actual no es propicio para una inversión de la tendencia. Ello se
debe, entre otras cosas, a las sanciones internacionales por el conflicto
ruso-ucraniano, la falta de confianza de las empresas rusas en las perspectivas
económicas futuras y las numerosas incertidumbres geopolíticas.
En conjunto, el panorama de la economía
rusa es complicado. La parte positiva comprende unos niveles de deuda pública
muy bajos, unas grandes reservas y un saldo por cuenta corriente positivo. Como
aspectos negativos cabe señalar una creciente deuda externa en monedas
extranjeras como porcentaje del PIB (aunque el impago es muy improbable), un
déficit presupuestario que empeora y unos niveles de crecimiento muy deprimidos.
Siempre queda la posibilidad de que la intervención
de Rusia en los conflictos de oriente próximo si consigue poner paz y orden en
la zona con la ayuda de todos los países occidentales que están interviniendo
puede conducir a una revalorización del precio del crudo que ahora es más que
evidente sigue jugando como arma estratégica por parte de Arabia Saudí para
arruinar a todos sus competidores que no
se produzcan recaídas de los precios del petróleo es vital para la economía rusa.
No obstante, la recuperación será
moderada. La política monetaria debería relajarse ligeramente, mientras que es
improbable que la política fiscal brinde mucho respaldo, y la posibilidad de
una revitalización de la inversión sigue siendo remota. Si como decía antes se
consigue poner paz y orden en los conflictos de oriente medio el futuro para Rusia en 2016 es de un moderado
repunte de un rublo volátil desde la situación de debilidad en que se halla. El
fin de las sanciones por la intervención de Crimea y Ucrania proporcionaría una relajación de la inflación
desde niveles elevados actuales y el retorno (muy justo) del crecimiento a terreno
positivo desde un estado de recesión profunda, teniendo presente que la
política y la geopolítica siguen siendo el mayor riesgo.
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