martes, 3 de marzo de 2015

PUTIN NO SABE COMO CHANTAJEAR A LA UE MIENTRAS HUNDE A LA REPUBLICA RUSA


Rusia se enfrenta a un panorama económico sombrío. La debacle de la divisa local junto con una disparada tasa de inflación ha hecho una combinación amarga para los ciudadanos. El problema es que estos ciudadanos no tienen ninguna posibilidad de ejercer su derecho de denunciar la mala gestión de su gobierno en concreto de Vladimir Putin que mantiene su poder a costa de no importarle su pueblo y haciéndoles creer que los males que sufren no son nada más que por causa de los malignos occidentales. Ya me lo han leído varias veces que esta situación en Rusia que viene ya desde más allá de la segunda guerra mundial. Pero entretanto los rusos lo están pasando mal y más que lo pasaran si sigue la política absurda y chantajista de Vladimir Putin.
 
Es evidente que la caída del precio del petróleo y el gas por supuesto es el detonante  de la situación actual pero esto no puede Putin usarlo como única razón para provocar a occidente y empobrecer a los rusos y a Rusia,  porque si bien es cierto que estos últimos meses el petróleo ha caído su valor en un 50%, también lo es que hace muchos años que el petróleo era un verdadero rio de oro negro. La pregunta que deben hacerse y seguro que se hacen los rusos es: ¿dónde está todo el mar de divisas que se debió de formar cuando aquel rio de petróleo era de oro? Aquel rio se ha secado lo único que ha pasado es que ya no es de oro sino de un producto que ha dejado de ser exclusivo y que por lo tanto ha caído su precio esto no lo vio Putin o lo más seguro es que lo ignoro.
   
La cuestión es que a los rusos les está cambiando la vida de la noche a la mañana tanto es así que un artículo de Quartz apunta que los rusos tendrán que destinar este año el 50%, de sus ingresos sólo a la compra de comida. Los precios de los alimentos en Rusia se han disparado en los últimos meses a raíz de una inflación que ronda el 15%. Según los datos oficiales, la inflación que se refiere sólo a los alimentos se acerca al 30%, un porcentaje que se aleja a pasos agigantados del 6% registrado hace un año. A ello se suman las sanciones a la importación impuestas por la Unión Europea tras su conflicto con Ucrania que ha motivado una escasez de los productos básicos.
  
Los analistas esperan que los ingresos de los hogares rusos aumenten en torno al 7% este año, un porcentaje insuficiente para contrarrestar el ritmo de inflación que se espera que supere el 20% en el primer semestre de 2015, a esto se enfrentan los ciudadanos rusos. La situación de esta, hasta hace poco potencia económica emergente,  contrasta con la de otros países más pobres como Kenia, en el que sus ciudadanos destinan menos del 50% de sus ingresos. Regiones como China, en el que los ingresos per cápita son mucho menores, no gastan ni el 30%, en alimentarse y no digamos en comparación con las economías avanzadas, la distancia es mucho mayor. En Reino Unido, los ingleses gastaron un 11%, mientras que en los hogares de EEUU fue sólo del 6,4% en 2014.
 
La inflación galopante que acecha a Rusia recuerda a la crisis financiera de 1998. Por aquel entonces, los precios de los alimentos se dispararon en casi un 100%. La inflación descontrolada de hace 17 años provocó la marcha del expresidente ruso, Boris Yeltsin, y Rusia tuvo que pedir ayuda a la comunidad internacional. Pero en estos momentos la posición de Putin es claramente la contraria esta vez ha optado por no pedir ayuda sino por hacer sonar las amenazas de guerra armada y del corte de fluido de petróleo amabas cosa contraproducentes para Rusia porque si no hay ingresos por el petróleo como va a mantener una guerra, por esto para mantener su chantaje hace guerrillas locales como en Ucrania lo malo es que esto cuesta también muchos rublos y mucha incomprensión en Rusia.
   
Una vez mantenida o detenida la amenaza en Ucrania sale a la escena la amenaza del Gas. Así el pasado mes de diciembre, la gigantesca empresa del gas de Rusia, Gazprom, y una empresa turca firmaron un memorando de entendimiento para construir un gasoducto de Rusia a Turquía bajo el mar Negro. Ese nuevo 'Turkish Stream' substituiría al llamado 'South Stream' de Rusia a Bulgaria por el mar Negro, proyecto que el Kremlin abandonó el pasado mes de diciembre, como reacción a las sanciones impuestas por la Unión Europea después de la invasión de Ucrania y la anexión de Crimea.
 
Putin está dando muestras de una indiferencia casi suicida por la economía rusa, al parecer no por otro motivo que el de consolidar la enemistad con Europa que la necesita para justificar y mantenerse en el poder en Rusia de forma totalmente dictatorial. Pero el problema es que Rusia necesita dinero y la nueva conexión le obliga a invertir 12.000 millones de dólares, además de los ya invertidos en la guerra de ucrania y de la caída de sus ingresos. De hecho, el mercado europeo del gas ruso ya está desapareciendo, las ventas a Europa se desplomaron en el tercer trimestre del año pasado y se redujeron en un 25% en el cuatro trimestre.
 
El desplome de la demanda se produce precisamente en un momento en el que Rusia necesita urgentemente divisas, porque las sanciones la excluyen de los mercados de crédito. Sus empresas más importantes afrontan necesidades enormes de refinanciación de la deuda, sus reservas de divisas se están agotando, su economía va camino de una profunda recesión y el rublo padece nuevas y graves depreciaciones. Al reorientar sus exportaciones, Rusia exige, en realidad, a Europa que gaste miles de millones de euros en una nueva infraestructura para substituir un gasoducto que está en condiciones perfectas. La reacción inicial de Europa fue la de considerar que o se trataba de una bravuconada de Putin o éste había perdido el juicio.
 
Esa decisión no tiene sentido económicamente", dijo el Vicepresidente de la Comisión Europea encargado de la unión energética. "Somos buenos clientes. Estamos pagando mucho dinero. Pagamos puntualmente y lo hacemos en divisas, por lo que creo que se nos debería tratar de conformidad con ello". Las políticas erráticas y económicamente irresponsables están despilfarrando los últimos restos de lo que en tiempos fue la posición monopolista de Gazprom en el mercado europeo del gas. Está claro que, si Europa ha de gastar miles de millones en gasoductos, sería mejor que lo hiciera para diversificar sus fuentes de gas natural, en lugar de aumentar su dependencia de Rusia.
  
Al fin y al cabo, los recuerdos duran mucho tiempo, sobre todo los de inviernos glaciales con las casas privadas de calefacción y las fábricas cerradas. Cuando preguntaron a uno de los principales planificadores del nuevo proyecto por qué estaba dispuesto a defender una serie de propuestas tan  ridículas, dio una respuesta inolvidable: "Prefiero aceptar planes poco realistas que otros realistas que me llevarían a la cárcel". Podemos imaginar que los funcionarios de Gazprom piensan lo mismo. Esta situación no puede eternizarse la UE deberían buscar una estrategia para hacer pensar a Rusia de forma diferente. Rusia no puede permitirse más dolor y sufrimiento económicos, pero eso será lo que obtendrá, a no ser que prevalezcan las cabezas serenas.

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